martes, 20 de julio de 2010

TIEMPO

Fue un instante, un segundo...

Sentí como mi alma se evaporaba hacia otro destino, donde ya sus ojos no estaban.
Mi piel sintió el perfume de su eterna ausencia y mi boca pronunció su nombre por última vez.

No me reconocí al saberme vencida, no era yo aquella mujer que peleaba sin tregua y esperaba su llegada cada tarde...

Pero ya no siento fuerzas.

El día que mis ojos descubrieron el sonido incomparable de su mirada, bien sabía yo que con este amor llegaría el dolor, y sin importarme mas nada, seguí sus pasos, y llegué a sitios donde jamás imaginé estar.

No hubo nadie que me aliente para seguir adelante...

Nunca nadie creyó que mi felicidad, solo crecía cada vez que escuchaba mi nombre saliendo, como lejana esperanza, de sus labios.

Quizás él tampoco confió en mi alegría... quizás nunca supo, que yo reiría eternamente si me miraba... solo si me miraba.

Otra vez recuerdo cada sensación que sus manos despertaron en mi sangre, y nuevamente llega aquella canción desde lejos y dejando la misma nostalgia de un final de una película de amor.

Mis pasos se apresuraban cada tarde para verlo sonreír... y mi alma siempre llegaba cuatro segundos antes... lo que yo nunca supe, es que mi alma se quedó a vivir en él.
Lo escuchaba atentamente durante horas, estudiando cada palabra y creciendo despacio a su lado.

Su preocupación por mostrarme la mejor manera de vivir, era
sorprendente...

Y sus largos enojos cuando veía mis desvíos, hoy los recuerdo
como su mágica manera de quererme.

Siempre pensé, si en mi vida estaba escrito encontrarlo, o fui yo simplemente que quise cambiar el destino. Pero estoy segura, que lo volvería a repetir.

Sé que dejándolo, le demuestro mi amor infinito... sé que despedirme, es poder volver a encontrarlo alguna vez.

Ahora solo debo mirarlo... y con las mismas fuerzas con las que luchaba por tener su amor... con esa misma furia con la que defendía mis sentimientos...
Con las mismas palabras con las que llegué...

Ahora solo debo mirarlo... y regalarle mi Adiós.

lunes, 19 de julio de 2010

ARREPENTIMIENTO SUBITO

Maldito el pasado que atormenta mi vida día con día, que acabo nunca podre ser feliz, gracias a ti no puedo no puedo seguir fingiendo que soy feliz gracias a tus mentiras y descuidos me ha costado casi la vida... solo te quejas de mi solo me dices lo que después quieres escucharme lastimas con tus desplantes haces que mi corazón deje de latir y se vuelva un insoportable.

Deja de jugar con lo q quieres si es lo q en realidad quieres.. pues conmigo no cuentes..desamasada confusión, demasiado dolor para estar con una persona atada por siempre.. Dudas de mi sin piedad alguna, dices serré mi vida dices ser mi todo pero en realidad veo en ti que eres mi nada.. no me haces gran falta en realidad... no me haces sentir como yo quisiera.


Me decepcionas sin pensar que algún día podaras arrepentirte de lo que me has hecho pasar me debes aun... me debes casi tu vida... pero yo no soy como tu... yo no te exijo nada..haces de tu vida una felicidad por completo y haces de mi vida un infierno que parece nunca tener un final.


Mirarme a los ojos y dime que me odias que no sientes nada por me que me quieres lejos de ti.. que jamas seré tuya, que nunca fui lo que algún día dijiste seria para ti. Despedaza este corazón matarme de una buena vez de todos modos mi vida ha tremiendo mi destino me ha reclamando mi pasado me ha tragado hoy la mujer mas infeliz del mundo habla... y calla para siempre.......

DESEOS


Yo quisiera salvar esa que nos divide, y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pdistancia ese abismo fatal ura que tu ser despide.



Yo quisiera ser uno de los lazos con que decoras tus radiantes sienes; yo quisiera en el cielo de tus brazos beber la gloria que en los labios tienes.



Yo quisiera ser agua y que en mis olas, que en mis olas vinieras a bañarte, para poder, como lo sueño a solas, ¡a un mismo tiempo por doquier besarte!



¡Oh, yo quisiera mucho más! ¡Quisiera llevarte en mí como la nube al fuego, mas no como la nube en su carrera para estallar y separarse luego!



Yo quisiera en mí mismo confundirte, confundirte en mí mismo y entrañarte; yo quisiera en perfume convertirte, ¡convertirte en perfume y aspirarte!



¡Aspirarte en un soplo como esencia, y unir a mis latidos tus latidos, y unir a mi existencia tu existencia, y unir a mis sentidos tus sentidos!



Aspirarte, amor... De ti llamarme, y en ciego, y sordo, y mudo constituirme, y en ciego, y sordo, y mudo consagrarme al deleite supremo de sentirte ¡y a la dicha suprema de adorarte!

viernes, 9 de julio de 2010

JUNTO A LA PUERTA


Quién nos dijo mientras nos desperezábamos al mundo que alguna vez hallaríamos cobijo en este desierto.


Quién nos hizo creer, confiar, -peor: esperar-, que tras la puerta, bajo la taza, en aquel cajón, tras la palabra,
en aquella piel, nuestra herida sería curada.


Quién escarbó en nuestros corazones y más tarde no supo qué plantar y nos dejó este hoyo sin semilla donde no cabe más que la esperanza.


Quién se acercó después y nos dijo bajito, en un instante de avaricia, que no había rincón donde esperar.



Quién fue tan impiadoso, quién, que nos abrió este reino sin tazas, sin puertas ni horas mansas, sin treguas, sin palabras con que fraguar el mundo. Está bien, no lloremos más, la tarde aún cae despacio. Demos el último paseo de esta desdichada esperanza.

ROMANCE


Mi soledad sin descanso! Ojos chicos de mi cuerpo y grandes de mi caballo, no se cierran por la noche ni miran al otro lado, donde se aleja tranquilo un sueño de trece barcos. Sino que, limpios y duros escuderos desvelados, mis ojos miran un norte de metales y peñascos, donde mi cuerpo sin venas consulta naipes helados.


Los densos bueyes del agua embisten a los muchachos que se bañan en las lunas de sus cuernos ondulados. Y los martillos cantaban sobre los yunques sonámbulos, el insomnio del jinete y el insomnio del caballo.



El veinticinco de junio le dijeron a el Amargo:


Ya puedes cortar si gustas las adelfas de tu patio. Pinta una cruz en la puerta y pon tu nombre debajo,
porque cicutas y ortigas nacerán en tu costado, y agujas de cal mojada te morderán los zapatos.

Será de noche, en lo oscuro, por los montes imantados, donde los bueyes del agua beben los juncos soñando. Pide luces y campanas. Aprende a cruzar las manos, y gusta los aires fríos de metales y peñascos. Porque dentro de dos meses
yacerás amortajado.

Espadón de nebulosa mueve en el aire Santiago. Grave silencio, de espalda, manaba el cielo combado.

El veinticinco de junio abrió sus ojos Amargo, y el veinticinco de agosto se tendió para cerrarlos. Hombres bajaban la calle para ver al emplazado, que fijaba sobre el muro su soledad con descanso. Y la sábana impecable, de duro acento romano, daba equilibrio a la muerte con las rectas de sus paños.

martes, 22 de junio de 2010

INSTANTES

Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecta, me relajaría más. Sería más tonta de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénica. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era una de esas que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalza a principios de la primavera y seguiría descalza hasta concluir el otoño. Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres, y jugaría con más niños, si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años... y sé que me estoy muriendo.

EL ANGEL DEL AMOR

Dicen que llevas una venda... Otros hablan de tu total ceguera, y yo... ni siquiera podría comentarte nada de nuestro encuentro. Sí, sé de aquella tarde que cubriste de ardor mi indiferencia, que una alegría fiera saltó del corazón a la garganta, de la garganta a los inquietos labios que se tornaron nidos de luciérnagas.

Jamás imaginé que te encontrara una tarde de lluvia equivocada, una tarde vulgar, en un café vulgar, entre gente vulgar... pero allí estabas.

Sí, te repito que no puedo decirte más de aquel encuentro. Han pasado los años y sigues acendrado en mí, en mis palabras y en mi piel. Que tomas diferente forma: taza, mesa, cama, casa, libros, hijos... Y ya ves, fue un encuentro casual en una tarde equivocada y gris, en un café vulgar...

¡Ay, ángel mío...ciego mío!